domingo, 20 de mayo de 2012

La Gran Noticia













A un viejo que pasaba por la calle,
una mocita de arrogante talle
detuve del faldón de la levita
diciéndole:
-Señor, por vida suya,
quiero que usted me instruya
en las nuevas que aquí me participa
una tía que tengo en Arequipa.
Y sin mas requilorio
alargaba una carta al vejestorio.
Cabalgó el buen señor sobre los ojos
un grave par de anteojos;
el sobre contempló, rompió la oblea,
la arenilla quitó de los borrones,
examinó la firma linda o fea,
y se extasió media hora en los renglones.
Ya de aguardar cansada,
-¿Qué me dicen, señor? -dijo la bella;
y el viejo echó a llorar diciendo:
-Nada, has nacido, mi bien, con mala estrella.
Asustada la joven del exceso
del llanto del anciano, le preguntó:
-¿Quizá murió mi hermano?
Y el viejo respondió:
-¡Ay!, pero que eso.
-¿Está enferma mi madre?
-Todavía es peor cosa, hija mía.
¡No puedes resistir a esta desgracia...!
¡Yo, viejo y todo, me volvería loco!
-¿Qué ha sucedido, pues, por Santa Engracia?
-¡Que tú no sabes leer... ni yo tampoco!

Ricardo Palma

Navegando en Internet me encontré con este texto y me pareció muy apropiado para compartirlo con ustedes. Si bien está hecho en tono de broma creo que el mensaje que transmite es importante y claro. Nos deja demostrada la importancia que tiene el saber leer, y no creer, como lo hizo esta joven, que los demás nos leerán, porque tal vez tampoco sepan.
Esta idea también puede ser aplicada en todos los ámbitos de la vida, hagamos las cosas nosotros mismos, no pretendamos que otras personas las hagan por nosotros.

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