Roy Berocay además de ser escritor es periodista y músico. Muy popular
entre los niños, es uno de los autores
infantiles más importantes del Uruguay.
Es el autor del más que conocido personaje, El Sapo Ruperto, además de haber escrito otras obras fascinantes como Pateando Lunas y Los Telepiratas.
Cómo llegaste a la literatura para niños?
Mi llegada a la literatura infantil tiene un alto componente accidental.
Siempre les leía cuentos a mis hijos, sobre todo Cuentos
de la selva, de Horacio Quiroga, y
llegó un momento en que quería encontrar otro libro que les generara el mismo
interés que ése, que tuviera ese mismo grado de intensidad, pero no encontré
nada. Ahí fue cuando decidí contarles yo mismo los cuentos, inventando mis
propias historias. Con el tiempo se fue volviendo una costumbre: todas las
noches les contaba un cuento. En ese entonces, yo había publicado una novela
para adultos y el editor de ese libro me planteó escribir para chicos. Me
acordé de aquellas historias y así surgió Las aventuras del sapo Ruperto
¿Qué es, para vos, escribir?
Antes que nada, escribir es una necesidad vital. No podría vivir sin
escribir, como tampoco podría vivir sin hacer música. No creo en escribir para
lograr algo: para vender, para ser popular. Empecé a escribir porque no podía
no hacerlo. La necesidad de expresarme desde la adolescencia —escribía letras
de canciones, poemas, cuentos, grandes reflexiones sobre cómo salvar a la
humanidad— era muy fuerte. Se fue dando todo un proceso que tenía mucho que ver
con lo que leía. También influyó mucho el hecho de
admirar a determinados escritores, querer ser como esas personas, leer en
entrevistas lo que pensaban, lo que vivían. Siempre fue una necesidad, un
llamado.
¿Qué escritores te provocaban esa admiración?
Uno va cambiando a medida que crece. En la adolescencia, por ejemplo,
admiraba mucho a Hermann Hesse, sobre todo El lobo estepario y Demian
—de hecho uno de mis hijos se llama Demián—. Ray
Bradbury me enseñó el poder de los personajes por encima de la
trama; en sus cuentos tal vez me fascinaban los personajes o las situaciones,
pero los finales no eran una cosa del otro mundo. Ya más de grande, Ernesto
Sábato fue un escritor que me marcó muchísimo. Ahora, más
recientemente, el escritor japonés Haruki Murakami me
impactó de manera muy profunda. Por supuesto que, en el medio, hubo infinidad
de escritores a quienes admiro.
¿Cuál es tu metodología de trabajo? ¿Corregís mucho?
Creo que en la escritura tiene que haber dos etapas. Primero escribo y me
dedico más que nada a descubrir la historia. Una vez que tengo la historia, la
desarrollé y llegué al final, empiezo a corregir. Vuelvo al principio y empiezo
a trabajar en el pulido de la trama. Pulir siempre es más tirar que agregar. La
primera parte es la divertida, porque es la de la creación,
la búsqueda, la invención de los personajes. La
segunda parte tiene que ver con cómo hacer que todo ese mecanismo encaje,
funcione correctamente, es una parte de mayor trabajo y precisión. A mí me divierte mucho buscar la historia, la parte de
la creación: eso de despertarse a las tres de la
mañana y decir: "¡claro, a Fulano le pasa tal cosa!", e ir a anotarlo
porque si no te olvidás de las mejores ideas.
¿Tenés algún lugar preferido para escribir?
No, escribo en el comedor de mi casa. Pero tengo horarios: antes escribía de
noche, tarde, cuando todos se iban a dormir; ahora cambié y estoy escribiendo
de mañana, antes de que todos se levanten. De todos modos, por el hecho de
haber trabajado muchos años como periodista, tengo un gran poder de
concentración y puedo escribir en cualquier lado,
incluso con ruidos a mi alrededor.
¿Cómo ves tus primeros libros ahora? ¿Sentís que cambió el estilo?
Sí, claro. Siempre vas evolucionando, cambiando. Igual creo que hay ciertas
cosas que uno escribe cuando recién comienza que
tienen una magia propia que nunca lográs recuperar. Tal vez ahora uno puede
manejar ciertos elementos técnicos o tener más capacidad para escribir, pero
hay cosas que tienen un origen o una inocencia que no podés recuperar. A mis
primeros libros los quiero mucho porque fueron el descubrimiento de que podía
dedicarme a esto que tanto me gusta.
La literatura infantil
¿Cómo ves el panorama actual de la literatura infantil uruguaya?
Creo que se dan cosas muy parecidas a lo que pasa acá, en Argentina. Hay una
industria de la literatura infantil y juvenil, cosa que antes no existía. Hay
un incentivo muy grande al uso del libro en las escuelas; podríamos decir que
hay una preocupación por defender y promover el
libro. Y hay una serie de autores, ilustradores y editores muy capacitados. Me
parece que el panorama es muy bueno. Muchas editoriales uruguayas comentan que
lo que más venden, proporcionalmente, es literatura para niños. Es muy parecido
a lo que pasa acá, con la diferencia del tamaño, claro.
¿Por qué pensás que hay tan poca difusión de
escritores latinoamericanos fuera de su país? Vos sin duda sos una excepción, pero la gran mayoría de los escritores de literatura
infantil y juvenil son desconocidos fuera de su ámbito.
Me parece que en los países donde hay una literatura infantil fuerte, los
que más funcionan son los autores locales. Entonces es muy grande el trabajo
que implica traer y promover escritores de afuera. Por otro lado, está el tema
del lenguaje. Uno como adulto puede leer sin problema un libro de un escritor
mexicano, peruano o español, pero a un chico le resulta más complicado. Además,
también es un tema de falta de interés ya que, por
ejemplo, Harry Potter está escrito en una
especie de castellano neutro y se vende y se lee en todos lados. Lo cual
demuestra que si hubiese una difusión suficiente,
podría haber autores que se leyeran en distintos países. En mi caso, es cierto que
entre Argentina y Uruguay no hay una diferenciación
tan marcada; hoy estuve en algunos colegios y los chicos son exactamente
iguales. Además estamos muy cerca.
Has dicho que "escribir para niños es una primera línea de combate
en una guerra no declarada". ¿Por qué?
Porque yo creo que hoy en día los niños están bajo
un bombardeo intenso, donde no todo es bueno. La televisión,
Internet, la computadora, la calle, las cosas que pasan. Dentro de todas esas
cosas, hay algunas que distorsionan y para que un chico sea capaz de absorber y
aprender a moverse en ese mundo tiene que desarrollar la imaginación y la inteligencia. Para eso leer es fundamental. Además,
si los chicos de ahora no leen, ¿quién va a leer a
los grandes autores dentro de diez años? El desafío es generar y mantener toda
una generación de lectores que después sí van a leer
a los clásicos y con esa formación algún día van a poder hacer las cosas que nosotros no pudimos.
Nuestro trabajo es atraer a los niños hacia los libros, utilizando todos los
recursos que podamos, porque el solo hecho de que un niño se siente a leer ya
es una victoria. Es una primera línea de difusión de
la cultura. Creo que hay mucha gente que no se da cuenta de eso.
En relación a esto, quiero darles las gracias a Fabiana Margolis, con la que me comuniqué hace algunos días y me autorizó a publicar su entrevista. Desde Uruguay mis sinceros agradecimientos.
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